.:: Restaurantes en Soria: dónde comer y cocina típica de Soria
Las ollas de barro llevan tiempo prestándose a hacer más amables los inviernos, guardianas sin llave de chorizos, costillas y lomos en aceite. El cerdo ha sido una sabrosa hucha del pobre, y pocos son los hogares que no tengan en adobo productos siempre dispuestos a adornar la mesa y salir airosos de cualquier visita imprevista. Tampoco escasea el jamón bien oreado ni los excelentes chorizos de fama más que justificada, no hay local que se precie que no enseñe en el mostrador una bandeja de torreznos (que aquí se llaman torrenillos) y, como del cerdo hasta los andares, se encuentra a pedir de boca el picadillo, las morcillas dulces o saladas, la güeña y los salchichones, amén de una larga lista de guisos que van desde las patas a la soriana hasta la cabeza a la vinagreta, pasando por salchichas, solomillos, hígado encebollado, lengua o rabo estofado.
Y más. El cerdo, el único animal que primero se mata y después se cura, se seca al amor de la lumbre y el viento. Chorizos y jamones son hijos naturales del cierzo soriano, que si bien los acuna con una justa mezcla de delicadeza y reciedumbre no sólo sirve para secar cochinos. El aire de por aquí también sabe dar el soplo de lo delicioso a la cecina de oveja (no en vano viene su nombre de este viento que viene del norte), el bacalao y el congrio rancio, que se podrá disfrutar muy a gusto preparado con patatas. Por su parte, la olla podrida del Moncayo sumará a la cecina la gallina, el chorizo y una larga experiencia culinaria.
En cuanto a la pesca, es provincia de célebres ríos trucheros, en especial en los Cotos Nacionales del Abión, el Ucero o la Laguna Negra, si bien la esquipia también puede llenarse muy a gusto con los ejemplares del Razón, el Tera, el Revinuesa o el Jalón. Los cangrejos, que al igual que en el resto de aguas españolas ya no son los autóctonos, hacen las veces de marisco de agua dulce en las mesas de toda la provincia. Quedan también las legumbres, que en forma de garbanzos, lentejas o alubias han aportado a la dieta soriana contundentes cocidos castellanos de las Tierras de Almazán y las Vicarías, garbanzos de cuaresma a toda la provincia y, como alubias de primerísima calidad, las de Ucero y El Burgo.
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